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  • Foto del escritorJavier Mariano Rubio

El príncipe que le cantó las golondrinas al presupuesto de cultura de todo un estado




No es común que se trate de política; no tenemos la intención de meternos en asuntos de la polaca, no porque no nos importe, sino porque este espacio se destina para tratar asuntos, si no tan tristes, al menos sí más diáfanos; pero, dadas las características del muy polémico caso de la obra musical La golondrina y el príncipe, llevada a cabo en la ciudad de Chihuahua, y que está causando la pérdida de más de 30 millones de pesos en el presupuesto destinado a eventos culturales y a fomentar la formación artística, sería irresponsable para cualquiera que se dedique a estos menesteres no poner de manifiesto una queja. Y pretendo hacerlo desde los ángulos que me constan (porque decidí no pararme a ver la obra), ya que casi desde cualquier perspectiva los hechos son un despliegue de corrupción y de leyes y/o ejecuciones administrativas sin consenso.


La idea inicial era generar en Chihuahua una obra musical al estilo Broadway, con la más alta calidad en escenografía, actuaciones, ejecución musical, vestuario, etc. La inversión inicial sería de 22 millones de pesos, por once o doce representaciones al público chihuahuense, en un espacio abierto, muy al estilo de Central Park, en Nueva York, aunque el escenario estaría fincado en la plaza del Palomar. El presupuesto, como en todas las grandes obras, se elevó a poco más de 30 millones de pesos. Todo esto son datos duros; no hay filtros de ningún tipo.


El autor, director y productor de la obra es Alberto Espino, quien tiene una larga trayectoria generando este tipo de espectáculos en Chihuahua. No hay ninguna injuria cuando digo que ha sido demandado por plagio, por la obra La bella y la bestia”. Aun así, Gobierno del Estado le otorgó, sin preguntarle a la comunidad, un presupuesto de esa magnitud, lo cual provoca cuestionamientos importantes.


Conozco a algunos de los artistas que formarán parte de esta obra y no podrían estar más contentos, pues, como nunca antes, están recibiendo un salario por su trabajo, lo cual es significativamente importante. El problema es: ¿de dónde sale el dinero del estipendio? Porque, si bien es cierto que existe una necesidad de que la sociedad se entere de que el arte es un esfuerzo que debería remunerarse, el hecho de que TODO el presupuesto cultural se concentre en una sola obra implica que el resto de la comunidad artística se quede papando moscas.


Si es cierto que es una superproducción a la altura de Broadway (lo pongo en duda por puestas anteriores del realizador), hay algo que no se debe tomar a la ligera: NO SOMOS NUEVA YORK ni tenemos una infraestructura para estar generando este tipo de obras. Lo cual significa que, con recursos públicos estamos alimentando el ego de un megalómano. Soñar se puede, no lo pongo en duda, y que se pueden realizar esos sueños, tampoco lo dudo. Pero, por favor, no usen el erario del Estado para cumplir esos sueños porque, lo dijeren donde lo dijeren, es un delito.


Hablar sobre el asunto no es envidia, como alguien involucrado en la obra señaló. Se trata de exigir congruencia en los hechos de Gobierno, y una repartición de los recursos para poder poner en marcha eventos culturales en todo el estado. Tampoco se trata de formar un grupo anti Maru Campos, procorralistas, como algunos dijeron, sino de tener la posibilidad de decir lo que vemos y no poner en riesgo nuestra carrera como escritores, actores, bailarines, mediadores de lectura, etc.


Los recursos hacen falta para fomentar la lectura, para crear apreciación musical, para explotar el potencial artístico de los jóvenes, de eso no hay duda; de que hay talento en la obra, tampoco. El asunto es más bien político, porque el dinero supuestamente utilizado en la obra podría servir para financiar una gran cantidad de proyectos. Hacerlo con una sola obra no es aplaudible en ningún sentido, es un acto de pobreza intelectual y en demasía pretencioso. Al presupuesto de cultura en el estado de Chihuahua, le cantamos las golondrinas; bueno, no en plural: solamente una.


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