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  • Foto del escritorJavier Mariano Rubio

Álbum de estampitas

Actualizado: 5 sept 2022



Cuando era niño, había los álbumes de estampitas; esos que, con ahínco y con todas las monedas que te caían a las manos, ibas llenando las hojas con luchadores, paisajes o escenas de películas o caricaturas; había incluso aquellos de carácter educativo, donde el ratón y el pato de Walter nos llevaban a conocer el mundo. Yo nunca llené ninguno completo, pero sí me gasté mis domingos, y el peso diario que me daban para el recreo, en sobrecitos con tres estampitas, la mayoría repetidas. Canjeabas unas cuantas con amigos que también tenían el vicio, pero en su gran mayoría, cuando se terminaba la temporada del álbum, iban a parar a la basura.


Algunos de ellos eran de colección; es decir, que al terminar de llenarlos, te quedabas con ellos. Pero otros, los podías canjear en la tienda por alguno de los premios que podías ver colgado en una repisa de la tienda. Siempre quise tener ese helicóptero de cuerda que, según decían, volaba de verdad. Recuerdo al niño que pudo completar varios de esos álbumes, y lo recuerdo volando ese juguete.


Yo no pude ser el héroe aquel que, por ser capaz, a partir de la suerte y del tesón, de llegar al tendero; mostrarle mi álbum repleto de estampitas; que le diera el VoBo; y por fin le dejara escoger entre todos los juguetes, ese helicóptero de cuerda, que por muy inalcanzable que fuera, lo hubiera podido comprar ahorrando todo el dinero que apostó por la estampita más difícil, que pocos pudieron ver. De alguna manera, ese tipo de inversiones infantiles siguen rigiendo mi existencia. Todavía gasto fortunas por ese juguete que podría conseguir de otras formas.

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