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  • Foto del escritorRodrigo Pérez Rembao

Kafka asesino

Actualizado: 5 sept 2022


I

No me llamo Gregorio Samsa. Además, sé que nunca voy a despertar convertido en insecto, pero he leído a Kafka y me he puesto de un humor insoportable. Por primera vez en años hoy llegué tarde al trabajo. Mi jefe preguntó el motivo con ese gesto que todos aquí conocemos. Balbuceé cualquier cosa sin ánimo de justificarme, ni lo consideré. En cambio, empecé a imaginar…


Don Carlos camina por una calle llena de gente. Desde la acera de enfrente veo que resbala. La caída es aparatosa. Por impulso reacciono queriendo ir hasta donde está para ayudarlo a ponerse en pie. Frente a él la situación cambia. Lo veo en el suelo y me place. Su gesto ahora es otro. Evidentemente ha salido lastimado. Se frota con las manos el tobillo y contrae el rostro de dolor. Yo me quedo inmóvil y sonrío para humillarlo.


Vuelvo a la oficina y veo a don Carlos en su escritorio. Debo ir también a mi mesa de trabajo.


II

Ayer soñé con la oportunidad perfecta para reírme de mi jefe y sentir superioridad sobre él. La experiencia fue dulce mientras duró. Sin embargo hoy he estado pensando durante todo el día y caigo en cuenta de que esto no puede quedar ahí. No concibo seguir yendo al trabajo a soportar sus desplantes. Tampoco puedo conformarme con la falsa venganza de mis fantasías; son solo eso, fantasías y la situación real no cambia: yo sigo siendo el que pierde.


III

Lo veo en su escritorio sin tomarse al menos la molestia de fingir que trabaja. Pasa el día entero hablando por teléfono, leyendo el periódico, pasando por simpático ante las secretarias y aprovechando cualquier oportunidad para hacer alarde de poder conmigo o con cualquier otro empleado. La opción es clara, pero no sé si seré capaz de hacerlo.


IV

Hace un rato llamó para insultarme, amenazó con despedirme si continuaba haciendo mal las cosas. Otra vez permanecí callado, sosteniendo su mirada con la mía, recibiendo el olor ácido que arrojaba su aliento. Lo único que consigue es agotar mi paciencia. El proceso está en marcha.


V

No fue difícil encontrar su dirección. Aunque lo sabe todo el mundo, la casa confirma que vive solo. Apenas una luz encendida, y quizá el carro estacionado afuera, se oponen a la idea de completo abandono. Pienso, mientras me aproximo, en el asombro que alcanzaré a distinguir en su cara cuando al abrir la puerta descubra que soy yo quien lo busca. Y aún más: el semblante de angustia y dolor que brotará cuando le perfore el cuerpo una y más veces hasta que caiga vencido... ese será mi momento. Sin embargo, temo que la acción y mi dicha duren demasiado poco. Una vez muerto don Carlos, ¿qué quedará para mí?


VI

Gregorio Samsa no debió haber terminado su vida de esa forma. Kafka, desde entonces, se ha venido consolidando como asesino intelectual de muchos hombres. Si te gusto este relato, seguramente disfrutarás Nosotros somos los extraterrestres.

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